miércoles, 23 de diciembre de 2015

#4 Hábito: Golpea la puerta



Golpea la puerta si quieres pasar.

Golpea con la mano de bronce si quieres pasar, golpea la puerta para que te abran.

Si no golpeas la puerta con la mano de bronce, el que está adentro no oirá tus lamentos.

Si no golpeas la puerta con la mano el que está adentro no oirá tus lamentos ni adivinará lo que pasa.

No adivina lo que pasa hasta que escucha golpear la puerta con la mano de bronce, para el que está adentro.

No adivina hasta que escucha golpear la puerta con la mano de bronce, para el que está adentro, porque no sabe, tampoco y de ninguna manera, lo que él mismo quiere.

No adivina hasta que escucha golpear la puerta porque nadie sabe hasta que escucha cómo se golpea una puerta con una mano de bronce para poder pasar, nadie sabe cómo suena el bronce, nadie sabe cómo pasar.

Si no golpeas, no pasarás.  Acéptalo y deja la vida golpear tu puerta con su mano de bronce.  Es tu puerta y es tu mano de bronce la que golpea y nadie sabe cómo suena el bronce.  Excepto tu mano.

Golpea la puerta si quieres pasar.  Atrévete.




Cariños y hasta mañana.


martes, 22 de diciembre de 2015

#3 Hábito: Navidad


Pasar la Navidad es un hábito en sí mismo.  Hay que pasar la Navidad.  En ese pasar la Navidad se piensa en cómo se debería pasar una Navidad, como corresponde, en familia y bien vestido.  Si es posible se evita la pirotecnia y se come una sagrada ensalada de frutas.  

Se pasa la Navidad esperando las doce.  Las doce es lo único que tiene sentido.  Ese es el momento del destaque: el brindis.  Los chicos abren los regalos y luego recae abruptamente frente a la vida que continúa, como una noche ordinaria que se encarrilla en el pasar de los días.  Una noche como todas las otras, más parecida a un cumpleaños de mitad de año que a una Navidad.  

Y si hablamos de Navidad, pareciera que está también el Año Nuevo incluido en el relato, como si las felicidades y buenos augurios se presentaran en paquetes de a dos, envolviendo Navidad y Año Nuevo del mismo año. 

Con Año Nuevo se nota todavía más la necesidad de pensar precisamente en las personas con quien nos gustaría estar.  No hay deberes, salvo que sea una condición de la pareja (Navidad con tu familia y Año Nuevo con la mía) pero lo que tal vez une de manera inexcusable a las dos fiestas es la pretensión de estar cerca del amor.  El deseo de compartir ese transcurrir de la hora doce tomados de la mano del amor.


Happy New Year de Julio Cortázar

Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestas tu mano en esta noche
de fin de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas. Entonces
la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo, como
si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres. 


Cariños y hasta mañana.

lunes, 21 de diciembre de 2015

#2 Hábito: Camino



Tengo un terrible amor por los atardeceres y los amaneceres.  Últimamente los atardeceres se montan tomando fuerza sobre todas las cosas, dejando mágico hasta lo chiquito y aprendí a amarlos por esos motivos.  Se caen inevitables y anaranjados, como el amor se cae en el medio del camino.  Estoy un poco obsesionada con los atardeceres, los veo en todas partes.  De pronto, fallece el día y me doy cuenta que está atardeciendo.  

También atardece en mi vida.  

Los veo en todas partes, incluso en esta imagen, que no hay atardecer y es una lámpara eléctrica que no se apagó durante el día, que se recuesta sobre un palo de luz a esperar que venga la noche.  

Quiere ver si duerme un poco.

Cariños y hasta mañana.



Ante el mismo evento

Aquí comparto un nuevo artículo en la revista empresarial Negocios & Management.
Podés hacer click aquí o en la imagen.

Cariños.


domingo, 20 de diciembre de 2015

#1 Hábito: Sobre el diálogo, el celular, unos jazmines y un vino.

Muy bien.  Vamos a crear hábitos.  Hace rato que perdí el hábito de publicar en este blog, nuestro blog, por ese motivo voy a subir una entrada por día...

Ok, diálogo (perdón por usar el guión pequeño, no encuentro en este formato la opción para usar el guión largo).  Aquí: converso conmigo misma.

-¿Podré?
-Claro, ¿Por qué no? Hubo una época en que lo hacías, sabés que podés hacerlo.
-¿Y si me quedo sin internet?
-Existe un lugar llamado "ciber".
-¿Y si el ciber también está sin conexión?
-No va a pasar.
-¿Y si pasa?
-Tenés un teléfono celular, podés subir una nota desde tu celular.
-¿Y si no tengo crédito en el celular, no me puedo conectar?
-Ok, ¿Todo el barrio se va a quedar sin internet? ¿Todo Buenos Aires?
-No tengo excusa.
-No, no tenés excusa.
-Excepto que no tenga nada para decir ¿Y si no tengo nada para decir, como en esos días en que no tengo nada para decir?
-¿En serio es posible no tener nada para decir?  ¿Podés dejar en blanco tu mente como un budista experimentado?
-No.
-Ok.
-¿Tiempo? ¿Si no tengo tiempo?
-¿Cuánto tiempo necesitás para subir una nota?
-No, claro, con cinco minutos subo una nota.  Estoy contra las cuerdas.
-Sip.  Necesitás disciplina.
-Sí, necesito disciplina.  Necesito generar hábito.
-Mirá el lado positivo.  Ya estás pensando en que van a haber días que no vas a poder subir una nota, ¿Qué problema hay? Al otro día podés dar las explicaciones de por qué no pudiste subir la nota, no es terrible.
-Claro, no es terrible si algún día no puedo.
-¿Vas a crear hábito?
-Dale.
-¿Cuántos días vas a escribir?
-10
-Poco.
-20.
-Sabés que para crear hábito, como mínimo, son 21.
-30.
-40.
-35.
-50.
-Ok, 50 días de notas consecutivas para generar hábito.  ¿Esta cuenta como #1?
-No.
-Dale.
-Bueno, esta cuenta como #1.
-Gracias.
-A vos... bueno, podés subir una imagen desde tu celular para comenzar... una imagen cualquiera y usala como disparador.
-Me gusta:

Imagen de mi celular que me recordó a una frase de Cortázar de "Me caigo y me levanto": "Un jazmín, para dar un ejemplo perfumado, a esa blancura ¿De dónde le viene su penosa amistad con el amarillo?"


Jazmines y vino.  La muerte de la flor y la uva, los perfumes y la suavidad.  La suavidad del jazmín (inmaculado o amarillento) es el mejor regalo para mi tacto.  ¿Acariciaste un jazmín? ¿Sabés de la suavidad que hablo? ¿La podés recordar mientras te digo esto?

El poder de la imaginación, que no distingue entre ilusión y percepción.  Te hablo de esos pétalos y parece que te están rozando.  Tomamos el vino.  Lo saboreamos con la lengua.  Ya no tengo ese vino, pero no importa, podemos imaginarlo.  Comprobemos, así, así, una y otra vez, que podemos ser felices imaginando. Podemos ser felices en la nada.


A partir de ahora, se vienen #49 notas consecutivas (sobre absolutamente cualquier cosa, me gustó lo de extraer una imagen guardada en mi teléfono, una imagen de los días cotidianos).

Y ahora digo, como decía hace tiempo: Cariños y hasta mañana.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Cosas de Mandinga (I)

Cierta vez, por el lado de Saladillo, supo haber un tal Zamudio Rodríguez, que era lo bruto el pobre.  Mire: si alguna vez le alcanzaba el mate con el agujero pa' bajo, él le ponía la yerba y lo cebaba así no más.  De puro bruto no más.  Por eso siempre andaba último y sin entender nada.   No solo que no sabía leer ni escribir, sino que apenas sí sabía contar.  Y para colmo, de tan ignorante, contaba mal y siempre se equivocaba pa' el otro y nunca pa' el lado de él, por eso andaba tan pobre el Zamudio.

Desconocedor de todo, el hombre, quiso el destino que un día tormentoso, cerca de las sierras, ¡zácate!, en medio de un resplandor, se le apareciera el mismísimo Lucifer.  De entrada nomás, el Malo se tuvo que pasar como hora y media pa' explicarle quién era, que parece que el Zamudio no lo conocía ni de mentas.
          
Así las cosas, ya nervioso y para terminarla rápido, Mandinga le dice que se deje de joder, que no piense más, que es inútil y que de una vez por todas pida lo que quiera.
          
Y el Zamudio, en lugar de pedir algo importante, como mandaba esa ocasión que se da una sola vez en la vida del cristiano, va el bruto y le pide dos ponedoras pa' el rancho!
          
Satán, al escuchar esto se puso loco de furioso y preguntó si se burlaba de él, que era nada menos que el Príncipe de las Tinieblas y que a ver si se pensaba que él iba a salir a la luz del día pa' pasar vergüenza y que esto le pasaba por tratar de ayudar a gauchos tan ignorantes como el Zamudio.
           
-Qué ponedoras ni ponedoras! -aullaba de rabia.  Y haciendo brotar de golpe un manzano, le dice:
         
-¿Ves este árbol, pedazo de bruto? Pues es nada menos que el árbol de la sabiduría.  Comete una manzana de estas y así podrás tener todo el conocimiento del mundo.  Después, entonces, sí me llamás y empezamos a hablar de nuevo.  ¿Me entendiste?
           
-Y las ponedoras? -preguntó el Zamudio.
          
-¡Ponedoras las pelotas! -aulló Mandinga-.  Y no me sigas provocando que te achicharro aquí mismo -dicho lo cual, en medio de un gran fogonazo, se esfumó en el aire con toda su furia a cuestas.
          
-Promete y después no cumple... -alcanzó a decir el Zamudio, para luego, cuando el otro ya se había ido, quedarse puteando de lo lindo porque él no quería manzanas, sino gallinas.
          
Y como hacía frío, y de bronca no más, no va el bruto y de dos hachazos corta el arbolito, lo hace leña chiquita y se prende un fueguito pa' el agua del mate.  Y las manzanas, como no las quería ni las necesitaba, las tiró pa' el campito donde se las comió una vaca Holando.  Vaca que ahora se ha convertido en la atracción del pueblo pues, entre otras cosas, toca la guitarra, paya en varios idiomas, opera de apendicitis, discute con el cura, es un as pa' las bochas y además, dice pertenecer a la corriente estructuralista de un tal Levi-Strauss, que de este pago, seguro no es.
          
Cosas de Mandinga, comenta la gente.


De Santiago Varela, extraído de su libro "Galletitas Sueltas" - Desde la gente, ediciones del IMFC.

Santiago Varela, escritor y guionista argentino.


martes, 24 de noviembre de 2015

Escribiendo

Podríamos decir que escribir es representar ideas, conceptos, a través de signos, letras.  Este pensamiento que se traslada a una hoja es una interpretación de una emoción, percepción, recuerdo, relación con otro pensamiento, una vinculación, opinión, creencia, reflejo, recreación, una transpolación.

Cuando escribimos nos descubrimos a nosotros mismos, en todo caso, nos representamos a través a de símbolos, eso que está adentro sale a la luz para ser observado, leído.

"Escribir es la manera más profunda de leer la vida". Francisco Umbral.

En el Programa de Escritura Creativa Escalón Rojo, vas a emprender un camino de autodescubrimiento en las palabras.  En ese ejercicio de decir-escribir lo que te sugiere una imagen, una idea, otra palabra, es como vas a ir abordando tu deseo y tu manera de manifestarte.  Haciendo este programa de escritura alguien descubrió que quería dibujar, quería expresarse a través del dibujo, dejó la carrera orientada a sistemas que estaba cursando y se dedicó a estudiar dibujo.  Otra persona descubrió-recordó, a través del Escalón, que su pasión era la poesía, se vinculó con canciones que inventaba cuando era pequeña y retomó su camino por la poesía para niños.

"La manzana no puede ser vuelta a poner de nuevo en el árbol del conocimiento; una vez que empezamos a ver, estamos condenados y enfrentados a buscar la fuerza para ver más, no menos". Arthur Miller.

No sabemos cuál es el resultado del Escalón, porque el resultado depende de lo que quiera manifestarse, de lo que quieras manifestar y de lo inevitable también.

Es por eso que todos están invitados al Escalón Rojo: escritores, arquitectos, bomberos, amas de casa, docentes, administrativos, creativos, artistas, economistas, contadores, matemáticos, barrenderos, cajeros, policías.  Todos tenemos algo para decir.

Un programa virtual, cuatro guías de trabajo.
Consultas: anamaria.maidana@gmail.com

Te espero... mientras, voy encendiendo la llama.