lunes, 15 de diciembre de 2014

Nota en Radio Mitre

Estuvimos conversando con motivo de la "Antología del Management Latinoamericano.  20 voces que cambiaron el mundo del Management, Marketing, Mentoring, RRHH y Project Manager", en Radio Mitre de Salta.

Aquí el audio.  Gracias, Milagro.





Cariños.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Follow your heart

Y la Nona me lo volvió a contar (ya me lo había contado varias veces):
"Mija, cuando estaba trabajando y pasaba alguien pidiendo comida, yo no sabía qué hacer, porque la comida que había ahí no era mía.  Entonces le pregunté a la Señora qué era lo que tenía que hacer y ella me contestó: -Emma, haga lo que su corazón le dice.  Si quiere darle, hágalo.  Si no quiere, no".

Con tanto ruido, tanto "deber ser" y "tenés que ser así","esto está bien, aquello está mal".
Con tanto pito y tanto bombo no podemos escuchar esa voz que nos habla despacio... en calma.



En definitiva, un escritor (y cualquier artista) hace eso: mantiene una conversación con su corazón que está ahí, tocando la puerta.

Cariños.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Presentación del libro "Mujeres que ven" de Gladys Benaim



El jueves 6 de noviembre, Gladys Benaim, Coach y escritora, presentó su libro en Palermo, Capital Federal.
Acompañé a Gladys en la creación, edición y corrección de estilo.   Y por supuesto, la acompañé en su presentación.  Además escribí el prólogo, que dice así:


Mujeres que ven” nos brinda la fantástica oportunidad de comenzar a mirarnos.  Las mujeres solemos pasar frente a un espejo para probarnos ropa, maquillarnos o peinarnos un poco.   Pero,  ¿Cómo es que nos vemos?  ¿Cómo es esa mirada?  

Gladys Benaim te llama y cuando vas a su encuentro te anima a que atravieses el espejo y cales hondo.  Te invita a superar la visión superficial tejiendo una suerte de pasaje que enlaza en un extremo el espejo, y en la otra punta, tu esencia.  Te incita, además, a quitar lo anticuado.  Provoca re-decorar el espíritu, refrescar tus memorias.  Y soñar.

Como en una cita a ciegas  ̶ siempre hay alguien que te da una única recomendación ̶  esta vez te sugiero: leelo en apertura.  Me refiero al corazón abierto, los brazos abiertos.   Claro, leyendo y sosteniendo el libro con los brazos expandidos.  Que funcionen como un portal para que lo nuevo ingrese y lo que quieras, salga.  A lo que me refiero: no hay magia sin predisposición, a lo que le sigue que una mujer no se mira sin predisponerse frente a un espejo, entonces, sin espejo no hay magia.  Sólo que por esta vez ni siquiera necesites un espejo, “sos vos con vos”, dijo la autora. 

Una mujer abierta acepta el riesgo de encontrarse con algo que podría no gustarle, está dispuesta a re-plantearse.  En esa osadía, quizás, encuentre lo que no conoce o se reúna con su deseo íntimo. 

Una mujer que ve, también se ve agradeciendo todo lo bueno que tiene en su vida, en el arte, en el amor.  Se descubre por ahí, en cualquier vidriera o en los ojos de otro, mirándose el alma.
                                                                                                              
                                                                                                                    
                                                                                              Ana María I. Maidana
                                                                                        Coach Ontológico y Escritora



El libro está colmado de pinturas de Mariel Benaim.  Rostros de mujeres.  Todas estamos retratadas.  Todas estamos llamadas a leerlo.

Gladys Benaim y Mariel Benaim
 


























Gracias Gladys.  Ahora brindamos por las mujeres que se levantan y se animan a ver.
Vamos por más.

Cariños.

viernes, 10 de octubre de 2014

Los sueños de Quevedo

El que está ahora en mi bolso: "Los Sueños" de Quevedo.




Una dedicatoria atípica:


A NINGUNA PERSONA DE TODAS CUANTAS DIOS CRIÓ EN EL MUNDO

Habiendo considerado que todos dedican sus libros con dos fines, que pocas veces se apartan: el uno, de que la tal persona ayude para la impresión con su bendita limosna; el otro, de que ampare la obra de los murmuradores; y considerando (por haber sido yo murmurador muchos años) que esto no sirve sino de tener dos de quien murmurar: el necio, que se persuade que hay autoridad de que los maldicientes hagan caso, y del presumido, que paga con su dinero esta lisonja, me he determinado a escribirle a trochimoche, y a dedicarle a tontas y a locas, y suceda lo que sucediere.   Quien lo compra y murmura, primero hace burla de sí, que gastó mal el dinero, que del autor, que se lo hizo gastar mal.  Y digan y hagan lo que quisieren  los Mecenas, que, como nunca los he visto andar a cachetes con los murmuradores sobre si dijo o no dijo, y los veo muy pacíficos de amparo, desmentidos de todas las calumnias que hacen a sus encomendados, sin acordarse del libro del duelo, más he querido atreverme que engañarme.  Hagan todos lo que quisieren de mi libro, pues yo he dicho lo que he querido de todos.  Adiós, Mecenas, que me despido de dedicatoria.
                                                                 
                                                                                                                               Yo. (Quevedo)


Don Francisco Gómez de Quevedo y Villegas nació en Madrid en 1580.  
Los Sueños son cinco textos satírico-morales donde a través del viaje por el infierno y la tierra, el narrador critica vicios, oficios y costumbres sociales de la época.

Como en una venganza anticipada, "Hagan todos lo que quisieren de mi libro, pues yo he dicho lo que he querido de todos", directo, despiadado, atrevido, nos adelanta su rebelde creatividad en la dedicatoria. Loco, ilimitado, viaja a través del tiempo para decirme que gasté mal mi dinero cuando compré su libro.

Veamos de qué se tratan sus sueños.

Cariños.


viernes, 3 de octubre de 2014

Nota Express 8: Mensajes del universo

Le hice mi pregunta al Universo: ¿Voy bien? ¿Qué me falta?
Y me dio este cartel:




La palabra elegancia viene de elegantía, preposición e, "ex, sacar", y el verbo legere, "cosechar, recoger".

Elegancia consiste en extraer lo mejor.  

De mí, dada la pregunta.

"Hay que tener mucha fuerza, 
tener mucha raza, 
tener muchas ganas siempre... 
quien trae en el cuerpo esa marca, 
María, María confunde dolor y alegría

Hay que tener mucha maña, 
tener mucha gracia, 
tener fantasía siempre...
quien tiene la piel marcada 
posee la extraña manía de creer en la vida"

María María, Sandra Mihanovich.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

"El pez en el agua" por Mario Vargas Llosa

Excelente adquisición: me tenté en una librería con ofertas y lo vi entre los clásicos de Mario.
Tengo una pila de trabajo y mucho para leer, pero lo leí a él... porque lo necesitaba, quería encontrarme con algo como esto:


Mi primer encuentro con el Salesiano y mis nuevos compañeros de clase no fue nada bueno.  Todos tenían uno o dos años más que yo, pero parecían aún más grandes porque decían palabrotas y hablaban de porquerías que nosotros, allá en La Salle, en Cochabamba, ni siquiera sabíamos que existían.  Yo regresaba todas las tardes a la casona de la prefectura, a darle mis quejas al tío Lucho, espantado de las lisuras que oía y furioso de que mis compañeros se burlaran de mi manera de hablar serrana y de mis dientes de conejo.  Pero poco a poco me fui haciendo de amigos -Manolo y Ricardo Artadi, el Borrao Garcés, el gordito Javier Silva, Chapirito Seminario-, gracias a los cuales fui adaptándome a las costumbres y a las gentes de esa ciudad, que dejaría una marca tan fuerte en mi vida.

A poco de entrar al colegio, los hermanos Artadi y Jorge Salmón, una tarde que nos bañábamos en las aguas ya en retirada del Piura -entonces, río de avenida- me revelaron el verdadero origen de los bebes y lo que significaba la palabrota impronunciable: cachar.  La revelación fue traumática, aunque estoy seguro, esta vez, de haber rumiado en silencio, sin ir a contárselo al tío Lucho, la repugnancia que sentía al imaginar a esos hombres animalizados, con los falos tiesos, montados sobre esas pobres mujeres que debían sufrir sus embestidas.  Que mi madre hubiera podido pasar por trance semejante para que yo viniera al mundo me llenaba de asco, y me hacía sentir que, saberlo, me había ensuciado y ensuciado mi relación con mi madre y ensuciado de algún modo la vida.  El mundo se me había vuelto sucio.  Las explicaciones del sacerdote que me confesaba, el único ser al que me atreví a consultar sobre este angustioso asunto, no debieron de tranquilizarme, pues el tema me atormentó días y noches y pasó mucho tiempo antes de que me resignara a aceptar que la vida era así, que hombres y mujeres hacían esas porquerías resumidas en el verbo cachar y que no había otra manera de que continuara la especie humana y de que hubiera podido nacer yo mismo.


El pez en el agua se trata de la niñez de Mario hasta su viaje a Europa, y por otro lado, su aventura política presentándose como candidato a presidente del Perú.  Dos épocas unidas por una pasión: el nacimiento de su vocación literaria y como recupera este entusiasmo en la madurez.  Todo esto entre anécdotas, personas que pasaron por su vida, recuerdos que sólo él nos puede narrar así, deliciosamente... recomiendo leerlo con un café con leche y un par de medialunas.




Cariños.


viernes, 19 de septiembre de 2014

Nota Express 7: Por el atajo

Paró el colectivo en la vereda de enfrente, en la bajada del puente que conecta aquel lado con este.
Ella bajó del colectivo con su hijito en brazos, un pequeño gurisito de menos de un año.  Estaba acomodado, serio, sentado en el antebrazo izquierdo de su madre.  Ella, petisa y ancha.

Caminaba cansada... paso a paso.

El peso se le venía de frente.  Resistiendo la gravedad, avanzaba... pesada.

En un brazo, el pequeño; en el otro, una bolsa blanca hasta el tope, con las manijas apretadas.  Hizo veinte pasos lentos y ya estaba sobre un atajo por el campito, ese que sube hasta el puente.  Miró ambos lados, apoyó su wawa en el pasto.  Sacó de su bolsa blanca un hermoso aguayo que extendió en el piso.  Subió a su wawita al arco iris y con un movimiento preciso lo colocó en su espalda.  Ató la manta a la altura del pecho.  El pequeño carajito, envuelto, se acomodó en silencio.



Toma su bolsa blanca y retoma el atajo.  Camina más ligero.  Un poco tirada hacia adelante, lo suficiente. Es otro impulso, sus manos libres ahora, otra fuerza.  No parece cansada... la conexión con el Ser genera liviandad.

Cuando somos auténticos, no buscamos ser alguien que no somos.  Derrochamos mucha energía cuando aparentamos Ser sin Ser.  Ese Ser pretencioso se vuelve inalcanzable.

Si queremos agradar a los demás para sentirnos queridos, aceptados, estamos dejando mucha energía en ese actuar.  No nos estamos queriendo ni aceptando nosotros mismos.

Energía derrochada que podríamos utilizar para otras cosas, como caminar más ligero, liberar las manos... o amar.


Cariños.