jueves, 31 de octubre de 2013

To the end




"Los Amantes" R. Magritte


Nadaba como una sirena, con pequeños empujones me deslizaba
bajo el agua sin esfuerzo: movimientos tan suaves y precisos,
movimientos perfectos bajo al agua.
La profundidad se rozaba fría sobre mi piel aterciopelada y transcurría
naturalmente el tiempo sin ahogos.
Mi compañero me encontró y saltamos fuera del agua, quedamos parados
uno en frente del otro.
Instantes eternos, suspendidos en un reflejo de sal y sol. Fue ahí mismo
donde nos abrazamos, dando vueltas en el aire, y caímos al agua sin
impacto para nadar juntos. Él a mi lado, yo feliz. Sé que era feliz porque la
plenitud del momento me dictó al oído poemas de sirenas.
Tomó mi mano y nadamos con más fuerza. Cuando despegamos del
agua en la orilla y caímos al pie de una montaña firme e inmóvil, corrimos
hacia las piedras, corrimos sin cansancio, riendo, gritando, cantando melodías
olvidadas.
Trepamos la montaña velozmente, cada vez más pegados por necesidad
de sentirnos y tocarnos. Un abrazo nos frenó y chocamos con las piedras,
entramos en la montaña al ritmo de su música.
Abrazos y más abrazos para ingresar uno en el otro, para unirnos de
verdad. Me recorrió un cosquilleo inesperado y caliente que agitaba la
sangre. Labios de miel. Retomamos el camino y de un salto caímos en una
pradera verde: campo libre para correr, para tropezar, girar y seguir corriendo.
La pradera se movía hacia atrás haciéndonos correr más rápido.
Siempre de la mano con mi compañero, despegamos al vuelo de un
pájaro que nos cruzó por delante. Sus brazos se hicieron alas y el suelo se
alejaba de nuestros pies. Las flores se hacían miniaturas y las nubes nos
daban la bienvenida rociándonos la cara con una brisa fresca y viento.
Seguíamos en vuelo y no vi mis alas, no sentía mis brazos, fue libertad
sin vértigo. No había límite para mi alma, ya no distinguía donde comenzaba
mi cuerpo: vamos más alto.


Extraído de mi libro Manzanas Maduras y otros Relatos

Viejo verano debajo de la parra

Para mi lo más lindo de contar una anécdota es el retorno.  Cuando contamos una historia, la propia, a medida que nos vamos adentrando vamos re-descubriendo sonidos, palabras, aromas.
Mi papá escuchaba cumbia.  Agarrate Catalina, los recuerdos que tengo para contarte.  Escuchaba cumbia, mucha y muy alto, con el volumen muy fuerte.  Me sabía las letras de las canciones de Miguel "Conejito" Alejandro, Karicia, entre otros inmortales del ritmo.
Mi viejo tenía unos "bafles", así les llamaba él, marrones, enormes -claro, en ese momento los veía muy altos, deberían tener un metro de alto- que sonaban como locos y todo el barrio sabía cuando papi quería escuchar "Los Palmeras" o "Los Guaguancó".
Ma-mi-ta.
Para recordar, recordemos con ganas.  Aquí les presento un clásico de esos tiempos: El Cuarteto Imperial.
Sería interesante que continúes leyendo lo que viene más abajo con esta música de fondo y volvemos unos veinticinco años para atrás, debajo de la parra del patio:





-"Escuchá Avispi, escuchá Abeji".  Ahí nomás mi viejo apretaba los dientes, se mordía el labio y cogoteaba para delante.  Yo permacía sentada en una sillita de madera amarilla, él, simulaba tener un güiro invisible y me hacía el sonido con la boca: tsh, tsh, tsh, tsh, tsh, tsh.
-"¡¡Bajá eso Julio!! -mi mamá- ¡Ya empezaste con la música! Es la hora de la siesta, la gente está durmiendo, chee".
Y papi que no quería saber nada, no le importaba si era la hora de la siesta, ni el calor que hacía, ni si el mundo se podía venir abajo.  El quería escuchar su Cuarteto Imperial.  A unas pocas cuadras del pueblo retumbaban los bafles de Julio.
Temblaban las uvas de la parra azotadas por el calor, maduras.  Colgaba de un alambre la rejilla-parrilla, con algunas brasas del domingo.  Retumbaban los ladrillos gastados del patio, casi verdes, casi rojos.
-"Dejalo, Celia -la nona- dejalo que escuche"... y cabeceaba hacia mi viejo, negando no se qué cosa, haciendo un movimiento con la mano que no se entendía, una mezcla entre "dejalo" y "Que Dios nos libre y nos guarde".
La nona encendía el lavarropas, un tambor de chapa que se zarandeaba todo el día.  La perra Colita que se echaba en la sombra.
Entonces mi papá se aburría y cambiaba a Sebastián:




Este tema era uno de sus preferidos.  La sonrisa se le dibujaba en el medio de la cara.  Los dientes le brillaban de alegría, cantaba y sacudía su cadera.  Aplaudía.  Lo bailaba como él quería.  Lo aplaudía.
Este tema me lleva, de pronto, al club.  Yo me quedaba con los otros chicos jugando por ahí a la mancha o a la escondida, mientras los grandes bailaban en ronda.  Cuando paraba para tomar un poco de aire o un vaso de Coca lo veía a mi viejo, sobresaliendo, marcando el pulso.  Todas querían bailar con mi papá, y él, sí, él bailaba con todas.  Yo era chica, hoy me doy cuenta que de su cuerpo "salían chispas", en esos momentos de baile toda su humanidad le encantaba a las mujeres.  Los momentos felices generan un especial interés en las personas que nos rodean.  El era feliz en las pistas.

Me había comprometido con José y Mario a darle un toque de humor, lo quise hacer al principio... terminó en nostalgia.
Lo dejo así, lo dejo como salió.  Me perdono por no atender a la consigna.

¿Cómo termina esta historia? Luego de esta infancia con tanta cumbia, mis hermanas bailan Salsa y a mí me gusta el Rock.
Mi viejo sigue bailando cumbia, un poco más gordo y aunque viejo, sigue encantando a las mujeres.

Un abrazo.

Nota 100, celebro con alcohol



...La poesía de Bukowski, al que le gustaba vanagloriarse de haber escrito su primer poema con 35 años, está marcada por un realismo descarnado y lírico a un tiempo, explícito, tierno en ocasiones y brutal en otras, abundante en datos autobiográficos, personalísimo y pleno de humor ácido y desencantado.  Como sus narraciones, sus poemas son vitales y vitalistas, pero también muy mortales y están llenos de drogas, alcohol y sexo.  Gracejo, profundidad, cultura y humor, todo ellos envuelto en un lirismo que a veces es hondo y a veces remeda la superficialidad sin conseguirlo.  Nunca abandonó su producción en verso que, con los años, se fue haciendo más directa, más sobria, como en El amor es un perro del infierno (1974) o La última noche de la tierra (1992).  Bukowski escribió más de 30 poemarios, que le han acreditado como gran poeta.
Murió en 1994, a los 74 años, una edad sorprendente para alguien que llevó semejante estilo de vida.  Su gran aporte a la literatura estadounidense, y a la literatura en general, fue su honestidad y su búsqueda de una literatura menos artificial, más viva.

                                     Umberto Cobo, del Prólogo de "Antología" de Charles Bukowski


Los mejores de la raza

No hay nada que
discutir
no hay nada que
recordar
no hay nada que
olvidar


es triste

no es
triste


parece que la
cosa mas
sensata
que una persona puede
hacer
es 
estar sentada
con un copa en la
mano
mientras las paredes
blanden 
sonrisas de 
despedida


uno pasa a través de
todo
ello
con una cierta
cantidad de
eficiencia y
valentía
entonces
se va


algunos aceptan
la posibilidad de
Dios
para ayudarles
en su
paso


otros
lo aceptan
como es


y por estos


bebo
esta noche.



Charles Bukowski

Puente

Y utilizo esta nota para llegar a la siguiente.
Doy este paso para poder dar el que parece está adelante, invento un puente, cruzo descalza.
Me engaño, aquí no pasó nada, evito.
Llego, llego -o de mentira- a la próxima estación.  Llego igual. En vez de caminando, paso volando. No quiero mirar el paisaje, esta vez no quiero.  Quiero llegar hasta ahí.
Me estiro, me hago de goma.  Desaparezco y me re-construyo en la siguiente.  Del otro lado.
Invento palabras para crear el camino, el puente de antes, el que cruzo descalza.
No espero más.  No quiero esperar hasta mañana.  Me hago de goma.  Me invento un puente.

Allá voy.  Nota número 100.  Esperame.  Estoy yendo.
Esto es un invento.  Me hago de goma.


El Comportamiento durante el galanteo


Todos sabemos mucho más de lo que realmente creemos saber. Ésta es una de las aplastantes conclusiones a la que llegamos cuando estudiamos la comunicación no-verbal.
Por ejemplo: toda mujer sabe cómo corresponder a los requerimientos amorosos de un hombre atractivo.
Sabe cómo frenar una relación no deseada o cómo alentar a su posible pareja. También sabe cómo controlarse para no parecer demasiado interesada. La mayoría de las mujeres no pueden precisar con exactitud cómo lo hacen.
Muchas ni siquiera se dan cuenta de que la técnica es casi enteramente no-verbal, a pesar de que durante la fase del galanteo, los detalles de este tipo pueden transformar un tema ambiguo, como el del estado del tiempo, en una insinuación por demás seductora.
Los primeros estudios acerca de la comunicación no-verbal durante el galanteo fueron realizados por especialistas en cinesis, especialmente el doctor Albert Scheflen, que trabajó con Ray Birdwhistell.
Al analizar películas sobre el galanteo, Scheflen documentó que el amor llega a transformar en bella a una persona —hombre o mujer— y logró señalar la forma en que esto se produce.
Una mujer, por ejemplo, se transforma súbitamente en más bella, cuando responde a un estímulo emocional como la atracción sexual que desencadena cambios sutiles en su organismo. En su fría manera de expresarse, los especialistas definen este delicioso fenómeno como "un estar en disposición para el galanteo inmediato".
En parte, esta disposición se debe a la tensa inflexión muscular: los músculos se comprimen respondiendo a un toque de atención, de manera que todo el cuerpo se pone alerta. En el rostro, las arrugas que normalmente están muy marcadas, tienden a desvanecerse, del mismo modo que las bolsas debajo de los ojos. La mirada brilla, la piel se colorea o se torna más pálida y el labio inferior se hace más pronunciado. El individuo, que generalmente tiene una postura pobre, suele enderezarse, disminuye milagrosamente el vientre prominente y los músculos de las piernas se ponen tensos; este último efecto suele representarse en las fotos sexy y vulgares. También se altera el olor del cuerpo y algunas mujeres afirman que se modifica la textura de su cabello. Lo extraordinario es que una persona puede sufrir todas esas transformaciones y no tener conciencia de ellas.
La pareja en pleno galanteo también suele ocuparse de su arreglo personal: las mujeres juguetean con el cabello o se acomodan repetidas veces la ropa; el hombre se pasa la mano por el cabello, se endereza las medias o se toca la corbata. Por lo general, éstos son gestos inconscientes que se hacen automáticamente.
A medida que avanza el flirt, las señales son obvias: miradas rápidas o prolongadas a los ojos del otro. Pero también existen algunos signos menos obvios. Durante el galanteo las parejas se enfrentan abiertamente. Rara vez vuelven el cuerpo hacia un lado. Se inclinan el uno hacia el otro y en algunas ocasiones extienden un brazo o una pierna, como para no dejar pasar a ningún intruso. Al hablar con una tercera persona, si están uno junto al otro, dejan a la vista la parte superior del cuerpo de manera educada, los brazos caídos o apoyados en el sillón, pero no cruzados sobre el pecho; al mismo tiempo forman un círculo cerrado con las piernas: las rodillas cruzadas de afuera hacia adentro, de manera tal que las puntas de los pies casi se tocan. Con frecuencia, las personas dramatizan la situación y forman una barricada con los brazos y piernas en esta posición.
Algunas veces, la pareja realiza roces sustitutivos: una mujer puede pasar suavemente el dedo por el borde de una copa en un restaurante, o dibujar imaginarias figuras sobre el mantel. Otras veces adopta actitudes provocativas: cruza las piernas, dejando entrever parte del muslo; apoya la mano en la cadera e inclina desafiante el busto hacia adelante; o se sienta como ausente y se acaricia el muslo o la muñeca. Las parejas durante el galanteo ladean la cabeza, y emplean señales genéricas como la inclinación pelviana. El mostrar la palma de la mano es quizás el más sutil de todos los signos. La mayoría de las mujeres anglosajonas mantienen las manos cerradas y sólo raramente dejan ver las palmas. Pero mientras dura el flirt, las enseñan constantemente. Aun en gestos que se realizan con la palma hacia adentro, como podría ser fumar o taparse la boca al toser.
La mayoría de nosotros al pensar en el galanteo considera en primer término las sensaciones internas —una excitación que proviene decididamente de nuestras vísceras—. Todo lo narrado anteriormente nos puede parecer artificial. Como investigadores del comportamiento humano, los especialistas en cinesis se limitan a estudiar esta rama y se niegan a especular sobre los sentimientos, basándose en el hecho de que éstos no pueden medirse científicamente. Más aun, ni siquiera pueden identificarse con certeza.
Obviamente, los sentimientos están presentes. En el punto culminante del galanteo, por ejemplo, uno se siente atento, atraído hacia la pareja, lleno de euforia. Los gestos que se realizan para tratar de mejorar el aspecto personal son la consecuencia de una repentina toma de conciencia del propio yo. Las caricias diferidas o subrogadas forman parte de ese delicioso conflicto que se plantea entre el deseo de tocar y el sentimiento, de que, tal vez no se debe, conflicto que por lo general es subconsciente. La inclinación pelviana puede llegar a ser una señal tan sutil y automática, al punto que una mujer que camina por la calle distraídamente, se asombra al registrar una sensación semejante en su pelvis cuando se cruza con un hombre que le resulta atractivo; por supuesto, lo mismo puede ocurrirle al hombre. Mostrar las palmas de las manos es otro gesto inconsciente.
Resulta tentador extraer una conclusión simplista sobre este hecho y decir que cuando una mujer muestra la palma de la mano está tratando de conquistar a un hombre, consciente o inconscientemente. Algunas veces es así, pero este mismo gesto también suele significar una bienvenida. Puede no tener connotación sexual alguna, a no ser que ocurra durante un período de galanteo y se relacione con otros gestos indicativos específicos. De cualquier manera, suele producirse con tanta rapidez o sutileza que sólo el ojo avezado puede detectarlo.
Personalmente no lo he logrado nunca, con excepción de un par de veces en que me lo han indicado, especialmente en películas pasadas en cámara lenta. Allí resulta obvio: en un intervalo de pocos segundos, durante un normal movimiento de brazos, la palma aparecía hacia arriba, abierta y enfrentaba a la otra persona, indefensa y pidiendo protección. En la vida cotidiana, uno suele interpretar erróneamente este hecho cuando no ocurre en realidad. En una reunión, por ejemplo, la dueña de casa recibía a todos los invitados mostrándoles las palmas de sus manos, excepto a alguno de ellos, y presumiblemente, éste era el invitado que menos le gustaba.
(El hecho de ocultar las palmas de las manos ante alguien que no nos agrada, se reconoce vulgarmente en la expresión idiomática que los hombres mascullan enojados: "Le voy a dar un revés.")
Los estudios realizados hasta el presente sobre la conducta durante el galanteo son fascinantes en sus
detalles: representan una tentación para el lector y por este motivo, se puede fantasear al respecto. Una joven que conozco tenía un buen amigo, pero un día decidió que necesitaba algo más que un buen amigo. Se preguntó si podría hacérselo saber empleando con él algunos de los sutiles métodos del galanteo. Pero el problema radica en que, al tratar de fingir —a no ser que se trate de un actor de primera— siempre aparece una falta de asociación, algo que resulta calculado o directamente torpe, porque en el mensaje corporal existe una indicación de que algo, en alguna parte, no es real.
Uno de los problemas que surgen al tratar de interpretar el comportamiento no-verbal, reside en la sorprendente complejidad de las comunicaciones humanas. En sus estudios sobre el quasi-galanteo, el doctor Scheflen nos ofrece un ejemplo casi perfecto. Curiosamente, ese comportamiento es como el galanteo, aunque no tiene el mismo significado.
Mientras observaba las películas de los psicoterapeutas y sus pacientes, el doctor Scheflen descubrió secuencias de galanteo en cada una de ellas. Entonces investigó también los encuentros entre gente sana y notó con sorpresa que, por lo menos entre la clase media norteamericana, el galanteo puede aparecer virtualmente en cualquier situación: en reuniones sociales o en reuniones de negocios; entre padres e hijos, maestros y alumnos; médico y paciente, y aun entre dos hombres o dos mujeres, sin que se infiera de ello ninguna intención homosexual. Vemos a las personas avispadas, llenas de vida, de pie una junto a otra, intercambiando largas miradas, mostrando las palmas de las manos, galanteando; en una palabra, cortejándose entre sí. Debemos sacar en conclusión, por lo tanto, que están rodeadas de sexo y que los norteamericanos se cortejan en cualquier momento y ocasión, o que por el contrario, estas actitudes no son lo que parecen. Debe existir alguna clave especial en el comportamiento, que haga saber a los involucrados en la relación, que la seducción no está en juego.
Un examen detallado de las películas demostró que había elementos calificadores, y que realmente se trataba de un galanteo que tenía una diferencia. Algunas veces, la diferencia era obvia y expresada verbalmente. Una persona podía decir claramente que no estaba tratando de cortejar a otra en ese momento, o podía referirse a otra allí presente o al cónyuge ausente. O tal vez el tema de la conversación estaba totalmente alejado del sexo.
Algunas veces, el elemento calificador era más sutil. Ambas personas se enfrentaban girando el cuerpo levemente hacia un lado; una de ellas extendía un brazo o una pierna como para incluir a una tercera persona. Otras veces, ambas miraban continuamente alrededor de sí o conversaban en un tono más elevado que el indicado para una conversación íntima. Un hombre hablaba acerca del amor o del sexo pero de manera casual y en un tono indiferente, recostado en el asiento y sonriendo con los labios, pero no con los ojos. Entre la clase media norteamericana, los niños aprenden estas secuencias de quasi-galanteo, con todas sus sutilezas, en la relación con sus padres, parientes y maestros, mucho antes de ser capaces de separar los elementos calificadores superfluos de lo verdadero.
No debe interpretarse este quasi-galanteo como un signo de que, aunque el sexo esté excluido, es fervientemente anhelado por ambas partes. En realidad, es un medio que sirve a fines completamente diferentes.
En las sesiones filmadas de psicoterapia que observó el doctor Scheflen, se lo utilizaba para captar la atención de alguno de los pacientes que parecía estar a punto de desconectarse de la acción del grupo. En una de las películas de terapia familiar, se veía al comienzo a la hija en actitud de galantear, reaccionando obviamente ante el terapeuta. Cuando éste eludió cuidadosamente mirarla o hablarle, ella perdió todo interés en la sesión.
Inmediatamente, dos de los niños menores, que al parecer seguían el patrón de conducta normal, también comenzaron a desinteresarse en el proceso. El terapeuta, temiendo perder contacto con la mitad del grupo familiar y enfrascado en ese momento en una conversación con el padre, comenzó una secuencia de quasi-galanteo. La inició mirando fijamente a la chica y por un momento ambos aspiraron el humo de sus cigarrillos en perfecta sincronía. Repentinamente, ella sintiéndose incómoda, giró la cabeza y puso su brazo sobre la falda, formando una barrera. Luego volvió a integrarse al grupo.
En otras películas terapéuticas, filmadas por el doctor Scheflen, pueden verse otras secuencias del
comportamiento del galanteo. Una de ellas muestra a un psiquiatra que entrevista por primera vez a una familia — la madre, el padre, la hija, la abuela—. En un lapso de veinte minutos la misma reveladora secuencia se produjo once veces. El terapeuta inició una conversación con la hija o la abuela; inmediatamente la madre comenzó a mostrar una actitud de quasi-galanteo. Cruzaba delicadamente los tobillos, extendiendo las piernas; se ponía una mano en la cadera o se inclinaba hacia adelante. Todas las veces, el terapeuta respondió, a su vez, mediante gestos como acomodarse la corbata, u otros similares, y le formuló una pregunta. Del mismo modo, el padre mostraba signos de nerviosismo, balanceaba un pie, e inmediatamente tanto la hija como la abuela, que estaban sentadas a ambos lados de la madre, cruzaban las rodillas de tal manera que las puntas de sus pies casi se tocaban frente a la madre, formando una invisible barrera protectora. En cuanto esto comenzaba a suceder, la madre "deponía" su actitud: cedía totalmente su tensión muscular y se recostaba hacia atrás en el asiento, permaneciendo aislada de tal manera que para el psiquiatra resultaba autista.
A pesar de que la protagonista de este episodio había empleado técnicas de quasi-galanteo para atraer la atención del terapeuta, no es probable que tuviera realmente intenciones de seducirlo, puesto que no mostró ninguna de las otras pautas de comportamiento adicionales que pueden confirmarlo; sin embargo, por la forma en que reaccionó la familia, resultaba evidente que la conducta seductora de la madre constituía un problema para el grupo familiar. El doctor Scheflen dice que los sistemas de mensajes como los revelados en esta película son comunes. Más aun, piensa que existen en todas las familias y que constituyen todo un vocabulario de gestos de nivel subconsciente. Me imagino que la hija y la abuela notaron sólo parcialmente la inquietud del padre, pero cuando éste comenzó a mover el pie nerviosamente, reaccionaron en conjunto de manera inmediata.
El quasi-galanteo se produce también en situaciones donde existen confusiones genéricas. Cuando una mujer se comporta en forma agresiva o dominante, actuando de una manera que nuestra cultura considera inadecuada a su sexo, el hombre puede valerse del quasi-galanteo para hacerla reaccionar. De igual forma, cuando un hombre actúa pasivamente, la mujer podrá incentivarlo mediante el mismo sistema, para tratar de anular en él ese comportamiento supuestamente femenino.
Algunas veces, el quasi-galanteo y su ausencia actúan como un termostato y mantienen la moral dentro de un grupo. Casi todos hemos sido testigos de una aburrida reunión social o de un tedioso encuentro de negocios, que se anima inmediatamente con la llegada de una persona notable. Los otros concurrentes se vuelven más animados y parecen más atractivos. Si efectuamos un análisis de los movimientos corporales, nos revela que la nueva aparición desató una serie de secuencias de quasi-galanteo. Por otra parte, si uno de los miembros del grupo quasi-galantea excediéndose y elevando el nivel aceptable de intimidad, el resto del grupo comienza a tomar la actitud contraria, tratando de compensar la situación.
El quasi-galanteo, por lo tanto, está muy lejos de ser el deseo frustrado de "A" de acostarse con "B". Pienso que debe relacionarse con momentos de real armonía, y con un sentimiento, comprendido por el individuo, de agudeza, de bienestar y más aun, de excitación —sentimiento que tiene otros elementos calificadores, diferentes de los que están presentes cuando la atracción sexual está involucrada.
Los estudios de Scheflen sobre el galanteo están basados en la clase media norteamericana. La evidencia existente, que no es mucha, sugiere que no sólo son sutilmente diferentes los patrones en los distintos países, sino que varían aun dentro de los Estados Unidos. El galanteo que se admite como normal en un cocktail de la clase media alta de la ciudad o de los suburbios, podrá ser mal visto en una reunión similar de un pueblo chico, de un área rural o de un barrio de gente trabajadora. El quasi-galanteo entre la clase media puede parecer extraño o aun peligroso para un grupo de gente obrera, entre la que el elemento calificador del galanteo se parece a una imitación burlesca, en lugar de mostrar signos más sutiles.
Pero parece ser que existen ciertas pautas de galanteo que son comunes a todas las partes del mundo. El etólogo austriaco Irenáus Eibl-Eibesfeldt, que fue discípulo y ahora es colega de Konrad Lorenz, ha estudiado el flirteo en seis culturas diferentes y encontró muchos detalles similares entre ellas. Filmó sus películas utilizando un equipo de dos hombres: uno para manejar la cámara, y otro para sonreír y saludar a las chicas. Se vio que tanto en Samoa como en Papua, en Francia, en Japón o en África como en Sudamérica, se producía el mismo tipo de respuesta, en una sucesión de pequeños movimientos de danza de cinesis: una sonrisa, una vuelta, un rápido levantar de cejas en una expresión interrogativa —reacción considerada afirmativa— seguida por el hecho de volver la espalda, la cabeza hacia un lado, algunas veces gacha, mirando hacia abajo, y los párpados bajos. A menudo las chicas se cubrían parte de la cara con la mano y sonreían con vergüenza. Algunas veces seguían al hombre con el rabillo del ojo, o se volvían a echarle otra rápida ojeada antes de mirar hacia otro lado.
El doctor Adam Kendon, un psicólogo que trabajó con Scheflen, comenzó recientemente un análisis sobre el galanteo entre los seres humanos. Surgieron de este análisis ciertos rasgos universales que pueden verse también entre los animales. Los estudios de Kendon, basados en películas de parejas filmadas en parques y en paseos públicos, indican que para las mujeres, el galanteo combina dos elementos diferentes. En primer lugar, la mujer muestra su sexualidad "para atraer al hombre; luego lo tranquiliza mediante un comportamiento infantil —miradas tímidas, la cabeza inclinada hacia un lado y gestos suaves como los de un bebé—. El hombre, a su vez, trata de demostrar su masculinidad parándose muy erguido, gesticulando agresivamente y luego la tranquiliza asumiendo el comportamiento de un niño.
El comportamiento paralelo del animal procede del real peligro físico que involucra el galanteo: el macho se arriesga a un ataque furioso si la hembra no está en ánimo de recibirlo; cuando la hembra inicia el galanteo, algunas veces recibe un castigo antes de que el macho se sienta seguro, y tenga la certeza de que su compañera no se volverá contra él, y no constituirá una amenaza. De esta manera el galanteo entre los animales generalmente consta de dos etapas: primero, uno debe atraer sexualmente al compañero; luego debe conseguir que éste deje de temer un contacto más próximo. Algunas veces usan el recurso de imitar a las crías jóvenes para obtener la confianza de la hembra. El macho del pájaro carpintero suele invitar a la hembra a su nido imitando la actitud del pichón que pide comida. Cuando galantea el macho del hámster imita el grito de las crías.
El galanteo encierra verdaderos riesgos emocionales, aunque son muy pocas las personas que tienen idea de ello. El recato y el comportamiento infantil registrados por la cámara de cine son prueba de ello. El doctor Kendon narra que una vez habló de su teoría sobre el galanteo a una feminista, que luego de pensar un rato, le dijo: "puede que usted tenga razón, pero si es así, la mujer tendrá que cambiar. El recato no es mi idea sobre lo que debe ser la nueva mujer". Pero, si la teoría de Kendon es acertada, no podrá cambiar, porque si una mujer —o un hombre— no logra atraer y luego captar la confianza de su pareja, dejará de existir el galanteo.
A veces puede ser perjudicial e incómodo dar demasiada importancia al galanteo. Descubrí esto una noche, en una reunión cuando repentinamente me di cuenta de que me encontraba, según la descripción de los especialistas en cinesis, en un estado de excitación y lista para galantear: tenía los ojos brillantes, mi rostro estaba arrebolado, el labio inferior ligeramente abultado y distraídamente me acariciaba el cabello. Por un par de segundos fue una sensación paralizante. Pero una vez que sobrepasé el instante de la toma de conciencia, descubrí que el galanteo o el quasi-galanteo me rodeaba por los cuatro costados. Después de haber hecho este descubrimiento pude relajarme y divertirme —actuando, mirando, sintiendo— en una forma nueva y diferente.

Extraído de "El lenguaje de los gestos" de Flora Davis.


miércoles, 30 de octubre de 2013

LIBRE



El ser-para-sí: Si toda conciencia es conciencia del ser tal como aparecer, la conciencia es distinta del ser (no ser o nada) y surge de una negación del ser-en-sí. Por tanto, el para sí, separado del ser, es radicalmente libre. El hombre es el no-ya-hecho, el que se hace a sí mismo.
Jean Paul Sartre

Ser libre es dejar de depender de alguien para depender de todos.
Enrique Jardiel Poncela

Me gustaría ser libre, inimaginablemente libre. Libre como un ser abortado.
Emil Michel Cioran

Ser libre es prescindir de ciertas culpas.
Eduardo Mignogna

Primero se libre; después pide la libertad.
Fernando Pessoa

No espero nada. No temo nada. Soy libre.
Nikos Kazantzakis

La libertad es el hombre. Incluso para someterse, es necesario ser libre; para darse, es necesario ser libre.
Jules Michelet

¿Quién es libre? El sabio que puede dominar sus pasiones, que no teme a la necesidad, a la muerte ni a las cadenas, que refrena firmemente sus apetitos y desprecia los honores del mundo, que confía exclusivamente en sí mismo y que ha redondeado y pulido las aristas de su carácter.
Quinto Horacio Flaco

Seamos libres, lo demás no importa nada.
José De San Martín

lunes, 28 de octubre de 2013

El animal que más le gusta



En una conversación entre mi amigo Pablo y mi hija Tutti, Pablo le pregunta:

-¿Cuál es el animal que más te gusta?
-La tortuga
-¿Y cómo es la tortuga? ¿Gigante?
-De todos los colores.

Me quedé pensando en la belleza de la tortuga, una belleza que hasta ese momento no veía.
Mirá este cuento indio:
Al llegar a una edad avanzada, y tras una vida hogareña de alegrías y sufrimientos cotidianos, unos esposos decidieron renunciar a la vida mundana y dedicar el resto de sus existencias a la meditación y a peregrinar a los más sacrosantos santuarios.
En una ocasión, de camino a un templo himalayo, el marido vio en el sendero un fabuloso diamante. Con gran rapidez, colocó uno de sus pies sobre la joya para ocultarla, pensando que, si su mujer la veía, tal vez surgiera en ella un sentimiento de codicia que pudiese contaminar su mente y retrasar su evolución mística.
Pero la mujer descubrió la estratagema de su marido y con voz ecuánime y apacible comentó:
- Querido, me gustaría saber por qué has renunciado al mundo si todavía haces distinción entre el diamante y el polvo.
Maestro: para aquel que se ha establecido en la realidad .. ganancia y pérdida, victoria y derrota, son impostores, porque el que ve con sabiduría no hace distinción entre uno y otro.
Extraído de "101 cuentos clásicos de la India" de Ramiro A. Calle.

Para pensar.  Un abrazo.